CONVERSACIONES CON EL SER
“Después del ego, llega el encuentro con el Ser”
Hay momentos en los que el Ser ya
no necesita gritar. Solo respirar despacio y recordar quién es. No hay lucha,
no hay prisa, no hay máscara. Solo una presencia serena que observa sin juzgar,
que entiende sin tener que explicarse. Ahí habla el Ser, y lo que dice no se
oye… se siente.
— ¿Por qué ya no te comparas?
Porque comprendiste que nadie
puede ser tú, y eso ya es plenitud.
— ¿Por qué ahora te sientes suficiente?
Porque dejaste de medirte con lo
que haces y empezaste a habitar lo que eres.
— ¿Por qué ya no te duele tanto lo que piensen de ti?
Porque descubriste que nadie
puede ver más allá de su propio nivel de conciencia.
— ¿Por qué ya no temes al rechazo?
Porque aprendiste a elegirte,
incluso cuando otros no lo hacen.
— ¿Por qué ahora puedes recibir amor sin miedo?
Porque entendiste que no tienes
que merecer lo que simplemente eres.
— ¿Por qué ya no intentas demostrar nada?
Porque cuando estás en paz
contigo, el silencio se encarga de hablar por ti.
— ¿Por qué confías más en tus decisiones?
Porque ya no decides desde la
carencia, sino desde la coherencia.
— ¿Por qué ahora poner límites no te duele?
Porque descubriste que el amor
sin límites se llama pérdida.
— ¿Por qué ya no necesitas controlar tanto?
Porque comprendiste que el
control era miedo disfrazado de orden.
— ¿Por qué ahora perdonas con más facilidad?
Porque entendiste que el perdón
no borra el pasado, lo libera de su peso.
— ¿Por qué ya no te saboteas cuando todo va bien?
Porque dejaste de creer que la
calma es una trampa y aprendiste a habitarla.
— ¿Por qué ya no temes brillar?
Porque ya no confundes la luz con
la soberbia.
— ¿Por qué puedes disfrutar del presente sin prisa?
Porque ya no buscas la felicidad,
la reconoces.
— ¿Por qué el silencio ya no te asusta?
Porque descubriste que el
silencio no te vacía, te revela.
— ¿Por qué ya no te cansa sanar?
Porque comprendiste que sanar no
es arreglarse, sino recordarse.
— ¿Por qué ya no temes cambiar?
Porque entendiste que nada se
pierde, solo se transforma.
— ¿Por qué ya no dudas de tu valor?
Porque lo sentiste antes de poder
explicarlo.
— ¿Por qué ya no te sientes solo?
Porque descubriste que la soledad
no es ausencia, es presencia contigo.
— ¿Por qué puedes soltar sin miedo?
Porque confías en que lo que se
va libera espacio para lo que debe llegar.
— ¿Por qué ahora el amor no duele?
Porque ya no lo confundes con
apego.
El Ser no grita, no exige, no
busca convencer. Simplemente es, y en su quietud todo se acomoda. Ahí donde el
ego decía “tengo que entender”, el
Ser susurra “solo siente”. Donde
antes querías controlar, ahora confías. Y donde antes buscabas respuestas,
ahora te basta el silencio.
El ego necesita razones para
creer; el Ser solo necesita presencia para saber.
Duende del Sur


