NEO
Lo más extraño de ciertas personas no es cómo llegan, sino la forma en que empiezan a mirarte. Como si vieran algo que tú no encuentras por ninguna parte. Y al principio eso no se siente bien. Incomoda. Porque mientras el otro insiste en ver posibilidades, tú solo sigues viendo tus límites. Mientras el otro parece hablarle a una versión más consciente de ti, tú continúas habitando la de siempre. La conocida. La que llevas años construyendo para sobrevivir. Por eso uno duda tanto de ciertas personas. No porque no las crea sinceras, sino porque resulta difícil confiar en alguien que parece conocerte en un lugar al que ni siquiera tú has llegado todavía. Y entonces aparece la resistencia. La necesidad de demostrar que está equivocado. Que no eres eso que ve. Que dentro de ti no existe nada extraordinario. Porque aceptar lo contrario implicaría algo mucho más incómodo: abandonar la identidad desde la que llevas toda la vida entendiéndote. Y nadie se desprende fácilmente de sí mismo...










