VIVIR EN DIFERIDO
“La perfección medida no equivale a plenitud vivida”. Hay una forma de ausentarse de la propia vida que es casi invisible, porque está socialmente celebrada: vivir atentos a la opinión de los demás. No como vanidad, sino como hábito. Como si lo que hacemos, decimos o incluso sentimos necesitará pasar primero por la pregunta silenciosa de cómo será leído. No es una decisión consciente. Es una manera aprendida de estar. Poco a poco, algo se desplaza. Uno ya no está del todo en lo que vive, sino en el efecto que eso podría tener. No habita la experiencia: la prepara. La corrige. La traduce. Y en ese movimiento, que parece inocente, la vida se vuelve representación. Ensayo. Gestión de uno mismo. Ahí ocurre algo sutil pero decisivo: la atención deja de estar en lo que es y se instala en cómo caerá. Y cuando eso pasa, aunque todo siga funcionando, uno ya no vive en primera persona. Vive en diferido. Por eso no se trata de dejar de escuchar a los demás, ni de volverse impermea...


















