BIOGRAFÍA ASTROLÓGICA

 


He tenido la suerte de recibir regalos hermosos: cuadros pintados para mí, cartas, una vida narrada desde el niño interior —con fotos, recuerdos y emociones—, palabras e imágenes que guardan tiempo y emoción. Gestos verdaderos, de esos que permanecen.

Y aun así, hubo un regalo distinto: de un tipo distinto al de los demás, que no compite ni se mide, solo acompaña de otra manera.

Hace años, alguien muy especial —astrónomo y astrólogo— me regaló un libro. No un libro sobre astrología, sino un libro hecho solo para mí, a partir de una vida: más de ochocientas páginas construidas alrededor de una idea sencilla y radical a la vez: que el universo no solo nos rodea, sino que nos habita.

No era un manual ni un informe. Era un mapa. Un intento profundo de leer el cielo y la experiencia no para predecir, sino para recordar. Para tender puentes entre cuerpo, tiempo, vínculos, sombra, propósito, creatividad y conciencia. Una cosmología íntima aplicada a un solo ser. Libros así casi no existen; y los pocos que hay rara vez se atreven a contener una vida entera. Por eso este no es solo raro: es irrepetible.

El libro no se limita a la carta astral occidental. Contiene sistemas múltiples: cartas dracónicas, prenatales, galácticas y evolutivas. Más de doce astrologías culturales, desde la védica hasta la tibetana, pasando por la china, egipcia, maya, árabe y africana. Incluye numerología, eneagrama, análisis caligráfico, geometría sagrada, tarot astrológico, I Ching, calendario lunar y mucho más. Todo ello entrelazado con la fecha, la hora y el lugar exacto de mi nacimiento para crear un mapa irrepetible. Cada capítulo es una puerta; cada página, un espacio para respirar.

Con ese libro no descubrí cosas nuevas sobre mí. Descubrí cómo se nombran.

Lo que hizo fue poner lenguaje simbólico a vivencias que ya conocía desde dentro. Dar forma a impulsos, ritmos y maneras de estar en el mundo que yo ya habitaba, pero sin ese nivel de claridad. No vino a explicarme quién era, sino a traducirme.

Que mi Sol en Tauro nombra una firmeza que siempre me ha acompañado: una conciencia del valor y una forma de comprometerme solo con lo que reconozco como auténtico.

Que un stellium en Aries pone palabras a algo que siempre he vivido así: rapidez emocional, sentir y actuar de inmediato, una mente directa, sin rodeos, una manera de amar intensa y honesta, y la necesidad profunda de moverme sin pedir permiso.

Que Marte me enseñó que mi fuerza no siempre se expresa en lo visible, sino que se mueve primero en planos más sutiles —emocionales y espirituales— antes de tomar forma. Que Saturno me mostró que me vuelvo más sólido cuando mi filosofía de vida se alinea con mis hábitos.

Que la atracción por personas que rompen moldes encontró explicación en Neptuno en Capricornio, y que Plutón en Escorpio dio lenguaje a una experiencia constante: cada amor, cada proyecto, cada impulso creativo como un proceso de muerte y renacimiento.

Que mi dimensión más emocional y espiritual se nombra en un Medio Cielo en Piscis. Y que mis nodos lunares coincidan con los signos solares de mis padres reveló algo esencial: uno marcando de dónde vengo, el otro señalando hacia dónde crezco.

Nada de esto me era ajeno. Pero verlo escrito, ordenado y sostenido en un mismo mapa fue como encontrar, por fin, un idioma común entre lo que vivo, lo que intuyo y lo que comprendo.

Y aun así, la lección más profunda llegó con lo que ese libro hizo visible: la existencia de alguien dispuesto a pasar meses de su vida mirando la mía. No leyendo datos, sino observando una historia, una forma de estar, un recorrido. Horas, días y semanas dedicadas a comprender antes que a escribir.

Cada vez que lo abro, no solo encuentro símbolos o interpretaciones: encuentro la huella de esa dedicación. La sensación clara de que alguien ha estado ahí el tiempo suficiente como para que una vida pueda tomar forma de obra. Y eso pesa más que cualquier contenido.

Agradecer algo así no es sencillo, porque no se agradece un objeto. Se agradece un acto. Se agradece una entrega. Se agradece el haber sido mirado con esa profundidad. Y este libro es la forma concreta que tomó todo eso.

Ese libro viajó conmigo. Se manchó de café, de agua, de arena, de tierra. Se abrió en casas que ya no existen y en noches que no sabían a qué hora pertenecían. Hoy, la versión original está destrozada, y lo digo con gratitud: ese es el estado natural de lo que no decora una vida, sino que la acompaña.

Hace poco lo volví a imprimir, dividido en dos tomos para hacerlo más ligero. Quizá debieron ser tres. Hay obras que no se terminan: solo cambian de cuerpo.

Por eso no es un libro que se lea. Es un libro que se respira. Entras en él como se entra en ciertos lugares: no para encontrar respuestas, sino para habitar mejor las preguntas. No te dice quién eres; te devuelve a ti.

Hoy dejo aquí solo un pedacito. No para hacerlo público del todo, ni para esconderlo en el anonimato. Solo para dejar un grano de lo que es. Para agradecer a quien lo escribió, al tiempo que lo sostuvo, y a la vida, que a veces deja en tus manos algo que no se posee: se cuida.

Gracias 🦥 201713

Duende del Sur


Entradas populares

Imagen

LIBERTAD

Imagen

PROFECÍA CUMPLIDA