SELECCIÓN & EXCESO
Hay quienes confunden presencia
con exposición. Creen que llenar pantallas, saturar feeds y coleccionar likes
es señal de vida intensa, de felicidad completa. Pero lo que se multiplica sin
conciencia termina siendo ruido, repetición, eco de algo que perdió sentido. La
visibilidad constante no garantiza autenticidad; al contrario, desgasta, cansa
y termina diluyendo lo que antes era valioso. Lo que se comparte sin intención
se convierte en humo: parece real, parece importante, pero se evapora sin dejar
huella.
En paralelo, hay quienes eligen
con cuidado, quienes saben que no todo merece ser mostrado, ni cada momento
requiere aplauso ni validación. La verdadera libertad se encuentra en la
selección consciente: en decidir qué palabras tienen peso, qué imágenes hablan
por sí mismas, qué recuerdos necesitan ser compartidos y cuáles deben
permanecer guardados. Es un acto silencioso de respeto hacia uno mismo y hacia
quienes observan. Es una forma de honrar la vida sin depender del aplauso
ajeno, de construir un espacio donde la mirada no es invasiva y la atención no
se desperdicia.
Porque compartir no siempre
significa mostrarse, ni callar implica desaparecer. Hay fuerza en la discreción
y poder en la pausa. Cada elección es un recordatorio de que la vida no se mide
en likes ni en comentarios, sino en la claridad con la que se vive cada
instante, y en la integridad con la que se sostiene lo que se decide mostrar o
guardar. El silencio habla; la ausencia consciente también.
En un mundo donde lo efímero se
multiplica y se confunde con lo esencial, aprender a elegir es un acto de
poder. Cada cosa compartida con sentido tiene peso; cada momento retenido en
silencio guarda su fuerza. La serenidad no se construye en el volumen, sino en
la conciencia; no en la cantidad de ojos que miran, sino en la claridad de la
mirada que decide. No es un acto de soberbia, sino de respeto propio; no es
esconder, sino proteger lo que merece estar intacto.
Mientras algunos se consumen en
la repetición y la sobreexposición, otros descubren que la riqueza está en lo
seleccionado, en lo consciente, en lo ofrecido con intención. Porque no todo lo
visible tiene valor, y no todo lo guardado carece de fuerza. La diferencia no
está en la cantidad, ni en la atención que se recibe, sino en la intención con
la que se decides vivir y compartir.
Porque hay una gran diferencia
entre la selección consciente y el desgaste por sobreexposición.
Duende del Sur


